La misión del escritor (Albert Camus)

Posteado por Marcelo Zamora abril - 12 - 2012

La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino.

Discurso pronunciado por Camus cuando se le entregó el Premio Nóbel de Literatura en Estocolmo, en 1958.

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natral conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiemto y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días. (*)

(*) Fuente: Albert Camus, “La misión del escritor”, antología de Visionarios Implacables , Buenos Aires, Mutantia, pp.20-23.

Discurso pronunciado por Camus cuando se le entregó el Premio Nóbel de Literatura en Estocolmo, en 1958.

2 de abril de 1982

Posteado por Marcelo Zamora abril - 2 - 2012

No contentos con tener al frente de una nación los abuso propios de la ilegalidad del terrorismo de estado… un borracho negligente… mandaba como carne de cañón… a unos pobres pibes a morir por la “patria”…

2 de abril de 2012… Democracia. Cuando vamos a votar… no es un derecho… es un responsabilidad… no para con el estado… sino para con nosotros mismos…

Votando a conciencia, tal vez tengamos alguna chance de poner al frente de nuestro país personas que nos guíen desde sus lugares a construir una sociedad donde los derechos humanos no sean los derechos de los desaparecidos solamente… sino los derechos de los que habitamos este país…

No es intención de esta carta nada relacionado a elecciones ni partidos políticos…

Si es la intención… que cada uno de nosotros pensemos en esta fecha en todas las cosas que se pierden cuando no hay democracia… y además…. cuantas cosas perdemos cuando quienes elegimos en nuestra democracia… deciden robar, deciden omitir, deciden callar… deciden no cumplir con el mandato que le estamos dando…

Justicia… esa debe ser la columna vertebral de nuestra sociedad si pretendemos vivir, realmente, en demoracia…

Los chicos que fueron a morir injustamente en Malvinas… no tuvieron derechos… pero cabe hoy no perder de vista…. que los chicos abusados en las villas tampoco tienen derechos… que los ciudadanos asesinados por la delincuencia tampoco ya tienen derechos… que las personas que no tienen un trabajo digno, una vivienda decente, o la mínima seguridad de salir a la calle y no ser acuchillados o baleados por un mísero billete de 100 $ y un celular que puedan llevar encima… tampoco tienen derechos…

Este día para mi, sin acusar a nadie, sin responsabilizar a nadie, es para pensar en la legalidad… esa legalidad viciada en la cual los asesinos terminan teniendo más derechos que sus víctimas… esta legalidad viciada que en nombre de la burocracia dejan libres abusadores, asesinos, psicópatas y sociópatas porque son menores de edad o son inimputables… o son parte de la maquinaria infernal e inmunda de la corrupción… o más triste aún… porque no se llega por la causa que sea… a administrar justicia como se debería hacer en democracia…

Hoy nuestros hijos, no son enviados como carne de cañón al monte Longdon… como sucedió en 1982… pero si están siendo a diario expuestos como blancos fáciles para el mercado perverso de la droga… la prostitución… la violencia… la esclavitud…

La ilegalidad, la impunidad… la corrupción, la desidia, la negligencia… obran a diario para que la delincuencia domine las calles y se pasee libre por todas partes mientras los que deberíamos tener derechos… vivimos encerrados… tras rejas… para intentar protegernos…

Si  tenemos tanta enfermedad en las calles, tanta droga, prostitución, crímenes e impunidad… esto se debe primeramente a que nuestros chicos… de hace unos años, al igual que los de ahora… han sido y están siendo víctimas del desamor de padres adictos a drogas, alcohólicos, abusadores… que a su vez fueron chicos abusados alguna vez…

No importa cuanta policía pongan en nuestra vereda… ni cuantas cámaras filmen los delitos…

Mientras nuestra sociedad tenga abandonados a los chicos como alguna vez fueron abandonados nuestros chicos en Monte Longdon… seguiremos teniendo lo que hoy tenemos…

Con unos pesos a padres que se los gastan en droga, cigarrillos, equipos de audio, ropa para adultos o alcohol, no salvamos a los chicos…

Necesitamos, hoy, como sociedad, ocuparnos de verdad de los chicos… Cambiar realidades de verdad…

Necesitamos hoy que cada familia que desee crecer tenga su oportunidad…

Necesitamos que el que trabaja sea protegido por el estado… Que si un ciudadano es una persona honrada, que trabaja en lo que sea que trabaje… ese trabajo sea digno… y tenga su hogar digno… y toda la ayuda que del estado se merezca debido a su mérito

Necesitamos que los chicos que sufren hoy, tengan de parte del estado una solución hoy… para que mañana no sean futuros abusadores, adictos, alcohólicos o delincuentes…

Muchos graduados tenemos en Trabajo Social… que sabrían elegir lo mejor para esos chicos… como se hace en otros países…

Cuando volvamos a tener la plenitud de nuestros derechos humanos… esta democracia, será nuestro orgullo…

2 de abril de 1982… un borracho mandó al muere a chicos de 18 años… para defender la “patria”…

2 de abril de 2012… impunidad, desidia y negligencia… manda al muere de los abusos, las drogas y la delincuencia… generaciones de chicos de todas las edades…

Tenemos que cambiar… todos y cada uno de nosotros… debemos exigir…

NO MAS IMPUNIDAD

NO MAS CORRUPCION

NO MAS ABANDONOS

NO MAS DESIDIA

En definitiva… no más violaciones de la Declaración Universal de los derechos humanos

2 de abril de 2012

 

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”
(Art. 3 Declaración Universal de Derechos Humanos)

“Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.” (Art. 13 Declaración Universal de Derechos Humanos. Inc . 1)

“La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.” (Art. 16 Declaración Universal de Derechos Humanos. Inc . 3)

“Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.”  (Art. 22 Declaración Universal de Derechos Humanos.)

Declaración Universal de Derechos Humanos

Sos libre de hacer todo lo que desees…

Posteado por Marcelo Zamora julio - 28 - 2010

Si algo he venido aprendiendo a estas alturas de mi existencia es a retomar las grandes cosas que supe hacer alguna vez cuando tenía la chispa.

Al ponerme nuevamente con ese optimismo y esas energías fui descubriendo que la creatividad, la imaginación, la fuerza de voluntad, las “pilas” como suelen decirle vulgarmente… son como un músculo… de no ejercitarse… se atrofia…

A los quince años era vecinalista, había creado un taller de teatro con la sola sapiencia del entusiasmo y la voluntadSeguir leyendo »

Así en la tierra como en el Cielo…

Posteado por Marcelo Zamora marzo - 10 - 2010

Nunca comprendí a la Iglesia, aunque mantuve el respeto como se debe hacer con las instituciones…

Nunca comprendí al Comunismo… eso de suponer que es posible la igualdad entre los hombres sostenida por otros hombres… el hombre es naturalmente egoísta y malvado, ninguno de todos nosotros es capaz de sostener el altruísmo sino impulsado por el egoísmo…

De los errores más brutales que el hombre ha cometido y no dejará de cometer jamás… el peor es aquel de obedecer a otros hombres, cuando la única obediencia que debe el hombre es para con el Amor y su Creador… Seguir leyendo »

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Yet another Movie. The best soundtrack of XX Century


Shine on your crazy diamond


¿Podríamos derrumbar las mentiras que nos son hermosas?


Darkness. Peter Gabriel


In your eyes. Peter Gabriel


Muy representativo de la especie...


Breves reflexiones sobre la belleza femenina

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